La utilización actual de la frase o refrán “siete vidas tiene un gato” o “tiene más vidas que un gato” hace
referencia a la suerte o buena fortuna de una persona ante algún problema,
enfermedad, accidente… Pero ¿de dónde procede realmente este adagio?
Al parecer el refrán nace en el Antiguo
Egipto, en la cuna del gato. Los egipcios tenían la plena convicción de que los
gatos también se reencarnaban y que, tras un número de siete reencarnaciones, tomaban carne mortal… pero no de gato: se convertían en un ser humano.
Como en otras muchas facetas de la
existencia, el paso del tiempo consigue el fundamento o precisión en el origen
y empleo de las ideas; algo basado en una profunda creencia de tipo religioso
es actualmente utilizado como un simple comentario popular.
¿Y por
qué seguimos “concediendo” esas “siete vidas” a estos felinos?
La observación diaria nos hace corroborar de
cierta forma la frase: un felino tiene la gran capacidad de caer sobre sus
cuatro patas, de manera totalmente equilibrada, desde disímiles alturas. Su
ágil organismo, su cola, sus coordinados sentidos consiguen estabilizar el
cuerpo antes de producirse la llegada al suelo.
Por otra parte, estamos ante un animal
verdaderamente resistente, adaptable a muchos estilos de vida y muy capaz de
lograr abastecerse en caso de que la necesidad “apriete”.
No sabemos si tras siete reencarnaciones
felinas el irracional pasará a un “estado vivo racional” … Lo que sí podemos
asegurar es que nuestro buen amigo ha conseguido, a pulso, (y en una sola)
disfrutar de sus presuntas siete vidas.
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Colaboración: Lic.
María Elena Sánchez del Valle (Criadora de gatos)
Fuente: El
encantador de gatos, de Carlos Rodríguez. Editorial Aguilar. 2009.

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