Las
arañas lobos (Lycosasp), que cazan con la vista gracias a sus cuatro pares de ojos, presentan un
marcado dimorfismo sexual, siendo la hembra mucho más grande que el macho.
Este último, para acercarse a su pareja, debe usar señales visuales que
indiquen su identidad (que es de la misma especie) y sus intenciones
(apareamiento).
A medida que se aproxima a ella, se eleva
sobre sus patas y hace señales con sus palpos coloreados en blanco y negro,
moviéndolos en todas direcciones. Si la hembra no está dispuesta al
apareamiento, corre hacia él como si fuera una presa y el cortejante se retira
rápidamente, pero vuelve a repetir el cortejo una y otra vez. Si ella al fin
accede, indica su aceptación vibrando sus patas delanteras.
El macho entonces trepa confiadamente sobre
su cuerpo, con la cabeza mirando la parte trasera de ella, hasta llegar al poro
genital de su abdomen, e inyecta una gota de esperma que guarda en sus
pedipalpos. Luego se vira y hace una segunda entrega. Un ligero fallo en algunas de estas maniobras, trae como consecuencia
ser devorado por su pareja.
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Por: Dr. C. Vicente Berovides Hernández
(Profesor de
Mérito Facultad de Biología, Universidad de La Habana, Cuba)

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