El perro (Canis familiaris) ha sido reconocido siempre como “el mejor amigo” del hombre. Esta
relación, establecida desde tiempos inmemoriales, ha evolucionado hasta
convertirse en nuevas formas de interacción, que originan grandes beneficios
para la sociedad.
Tradicionalmente,
el perro ha ayudado al hombre en tareas tales como la caza, la vigilancia y
como ayuda invaluable en el pastoreo de ganado. Sin embargo, en la medida en
que las poblaciones humanas han evolucionado desde pequeñas comunidades
agrícolas, a cada vez mayores áreas metropolitanas, el rol del sociable animal
ha cambiado.
Hoy, el
compañerismo del can ha añadido un significado adicional, en la medida en que
las personas, cada vez en mayor número, lo consideran como otro miembro de la
familia en vez de una mera propiedad. Después de todo, él no enjuicia, da amor
incondicional, y podemos hacerlo fiel confidente de nuestros más íntimos
sentimientos.
De acuerdo con
investigaciones médicas, el perro puede
disminuir la presión arterial de una persona y mitigar los efectos de la
soledad. Investigadores en el Baker Medical Research Institute en
Melbourne, Australia, observaron que los
dueños de mascotas (hombres y mujeres) tenían una presión sistólica y los
triglicéridos en el plasma sanguíneo significativamente más bajos que los que
no tenían perros (Anderson et al.,1992). En adición, los resultados de un
estudio anterior mostraron que la
supervivencia a los infartos de miocardio era más alta en los dueños de
mascotas comparados con los que no tenían (National Institutes of Health, 1987).
Un sondeo australiano
–1994 Australian People and Pets Survey– evidenció que los dueños de mascotas, comparados con los que no lo eran, estaban
físicamente más activos, visitaban
menos el médico, hacían menor uso de
medicamentos para presión alta y tenían con menos frecuencia la sensación de soledad (Heady, 1995). Por lo
tanto, aquellos que son propietarios de mascotas logran ahorros en el costo de
la salud en adición a gozar de la compañía animal para la familia.
El perro puede aumentar la autoestima y
sentimientos de competencia en niños mayores. Estos, a su vez, incrementan
su motivación cuando se les da la responsabilidad de ejercitar, entrenar y
alimentar a la mascota. Se ha sugerido que la exposición a las mascotas
facilitaría el inicio y mantenimiento de relaciones con los mayores,
especialmente en los grados elementales y la escuela superior (National
Institutes of Health, 1987).
Las familias pueden
tener un tiempo de excepcional calidad y compartir momentos gratos cuando
permiten a los jóvenes participar en muchas actividades relacionadas con los
perros. Todo entonces coadyuva a la diversión y recreación sana.
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Por: Carlos Luis Peralta del Río (Criador de perros)
Foto: Silvino Corvea
Foto: Silvino Corvea
Fragmentos tomados (y versionados) de:
_Correa, Julio E. et al. (2016). La compañía del perro y sus
beneficios para el ser humano. Alabama Cooperative Extension System.

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