Casi todos hemos visto alguna vez una reproducción de “los tres monos sabios”, como se conoce a estos animales que se muestran con diferentes expresiones corporales. Quizás pocos conocen la leyenda que se inició en China y que alcanzó su máxima popularidad en Japón, donde se les consagró el templo de Toshogu y fueron representados en una escultura de madera. Se cuenta que “los tres monos místicos” como también se les conoce, fueron dotados por los dioses con un defecto y dos virtudes, para tomar testimonio de los actos y las malas acciones de la humanidad. Lo harían de la siguiente manera:
• Kikazaru (el mono que se tapa los oídos): él observa y comunica a Mizaru. Con esa expresión no pretende mostrar una actitud pasiva y cobarde, sino que, siempre que nos sea posible, conviene no escuchar la información negativa que nos quieran transmitir los demás, que no es útil y sí dañina.
• Mizaru (el mono ciego): que comunica a Iwazaru lo que le transmitió Kikazaru. Representa una invitación directa a cerrar los ojos ante lo que no sirve, aplicar esa mirada sabia de quien sabe diferenciar lo bueno de lo malo, de quien sanciona lo maligno para quedarse con lo noble y con lo que nos ayuda a ser mejores.
• Iwazaru (el mono mudo): quien velaba por el cumplimiento del castigo impuesto a los humanos por los dioses. Rehúsa completamente a los chismosos y nos lleva a ser muy cautos a la hora de emitir una información y de tener la seguridad de estar bien fundamentada.
Se considera que existe un interesante paralelismo entre el mensaje de los monos sabios y la historia que Sócrates el filósofo clásico ateniense nos dejó. De forma muy resumida, nos cuenta de un discípulo que acudió a su casa ansioso por explicarle un rumor. Antes de que el mensajero pudiera proseguir, Sócrates le preguntó si ya había pasado aquello que quería decirle por los tres filtros, que se corresponden con estas tres preguntas:
- Verdad: ¿Has examinado con detenimiento si aquello que quieres decir es verdadero en todos sus puntos?
- Bondad: ¿Es por lo menos bueno?
- Necesidad: ¿Es imprescindible que lo cuentes?
El discípulo contestó a los tres filtros con un “no”, a lo que el sabio contestaría:
- Si lo que querías contarme no es verdadero, ni bueno ni necesario, mejor enterrémoslo en el olvido.
De todo lo anterior, se destila una enseñanza primigenia que ha sobrevivido al eco de los tiempos, y que siempre nos será muy útil: tu mente crea tu mundo, así que vigila lo que entra y sale de ella. Ser prudentes con lo que decimos, sabios con lo que escuchamos y miramos, es la mejor forma de preservar nuestra serenidad y responsabilidad.
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Por: Lic. Alexis del Río Cruz
Foto: www.shutterstock.com
Fuentes consultadas:
- https://elpais.com/
- https://mejorconsalud.com/

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