Cuando entras en un cuarto en el que un gato
está tumbado en el suelo, y le diriges unas palabras cariñosas de saludos,
puede éste responder rodando sobre su lomo, estirando las patas todo lo que pueda,
bostezando, ejercitando las uñas y moviendo gentilmente el rabo. Mientras lleva
a cabo todas esas acciones, se te queda mirando, comprobando cuál es tu estado
de ánimo. Ésta es la forma en que un gato te ofrece una reacción pasiva
amistosa, y es algo que sólo ofrece a los íntimos de la familia. Pocos gatos se
arriesgarían a un saludo así, en el caso de que la persona que entre en la
estancia sea un desconocido, porque la postura de ofrecer la barriguita hace al
animal en extremo vulnerable. En efecto, ésta es la esencia de su amistad.
En realidad, el gato está diciendo: me
vuelco y te enseño mi barriga tan vulnerable en prueba de confianza. Un gato
más activo correrá hacia ti y comenzará a rozarse en tu pierna como forma de
saludo amistoso, pero uno más perezoso y soñoliento preferirá enseñarte su barriguita.
El bostezo y el estiramiento que lo acompañan reflejan la somnolencia del
animal, una somnolencia que está dispuesto a interrumpir el menor tiempo
posible. La leve oscilación de la cola indica que está dudando entre seguir
estirándose y saltar para aproximarse al recién llegado.
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Versionada de un
escrito de la Lic. Ana Beatriz Almanza Díaz (Criadora de gatos)
Fuente:
- Morris,
Desmond. Observe a su gato. Pág. 32. Plaza & Janes Editores, S.A.

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