No dudo que la naturaleza es más que
extraordinaria y en muchos casos curiosa. Como considero lo sea este pequeñín
de apariencia fantástica que en mi caso no deja de admirarme. Me refiero al Tarsero Filipino (Carlito syrichta) uno de los primates más pequeños del mundo y que posee el récord entre los mamíferos de
tener los ojos más grandes en proporción a su cuerpo.
Esta especie endémica de la parte sureste de
las Filipinas, llega a medir unos 16 cm de altura y una cola 25 cm, con mechón
de pelo en su extremo final.
Cuentan con un pelaje delgado y áspero
(entre gris y marrón oscuro). Los brazos y patas son largas y delgadas. Los
dedos también son alongados siendo el tercero el más largo. Tienen uñas en casi
todos los dedos y garras en el segundo y tercer dígito de las patas traseras,
que le son útiles a modo de acicalamiento.
Sus grandes ojos marrones de excelente
visión nocturna se encuentran fijos en el cráneo, en cambio pueden girar la cabeza hasta 180 grados.
Sus orejas sensitivas son membranosas, se asemejan a las de los murciélagos.
El tarsero filipino goza de la peculiaridad
de ser el único primate con comunicación
mediante ultrasonidos. Aunque vocalizan menos que otros primates, emiten
llamadas que son asociadas con la defensa de un territorio y para localizarse
entre machos y hembras. Utilizan marcas de orina y secreciones glandulares para
trazar sus territorios.
Los
tarseros son los únicos primates completamente carnívoros y pueden alimentarse de insectos,
lagartijas, serpientes y aves.
Como los otros tarseros, el filipino es una especie monógama. La reproducción
tiene lugar en cualquier temporada del año. Tienen un periodo de gestación de 6
meses y producen sólo una cría por parto.
El tarsero
filipino es bastante común en su área debido a su tolerancia a vivir en bosques
secundarios. Actualmente se encuentra amenazado, entre otros motivos por la
reducción de los hábitats nativos y la comercialización como mascota. El tarsero filipino no soporta la vida en
cautividad, se han reportado casos en los que acaban falleciendo de estrés,
incluso mediante golpes entre barrotes como un medio de querer huir y volver a
su estado natural.
Quizás no sabías qué el tarsero no es un mono,
aunque esté emparentado con estos.
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Por: Lic. Luis
Mario González Díaz
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